Botellón Granadino en el entorno del recinto Méndez Núñez
Los residentes de la zona de Arabial contratan empresas de seguridad privada para acabar con el consumo de alcohol, orines, vómitos y ruidos en las comunidades de propietarios.

El hecho de tener que soportar cada fin de semana la fiesta sin límites de los jóvenes granadinos y los miles de universitarios que viven en la ciudad no debe ser sencillo. De hecho, para muchos vecinos se convierte en una tarea ardua. Cansados de las constantes y permanentes molestias que ocasiona el botellón, muchas de las comunidades de propietarios han decidido contratar vigilancia privada para acabar con dichos problemas.

Los portales de los edificios se transforman, según comentan los vecinos, en espacios donde los jóvenes ebrios orinan, vomitan o hacen ruido interrumpiendo el sueño de los residentes. Con el objetivo de impedir estos hechos molestos, los vigilantes de seguridad realizarán su trabajo en horario nocturno en el recibidor de las comunidades para invitar a los jóvenes a  que abandonen el lugar.

La paciencia se ha esfumado, los residentes son conscientes de que el botellón si no se erradica de  raíz en la zona, "es muy difícil de refrenar". Están agradecidos por la intensa presencia policial en el barrio,  pero indican  que la solución final será prohibición del consumo de alcohol sobre la explanada del aparcamiento subterráneo ubicado junto al centro comercial Hipercor. Ya que no solo es el consumo excesivo de alcohol, también se realizan carreras de motos, y,  ponen la música a niveles prohibidos, conductas perjudiciales que se dan entre las tres y las cinco de la madrugada.

Otro tema candente en la zona, es la suciedad de las calles. Y aunque la limpieza de estas mejora poco a poco, insisten en que aún queda mucho trabajo por hacer. Así el día a día de estos moradores, embarcados en una contienda, en contra del botellón y el deterioro de su barrio.