Algunos de los países más avanzados del mundo se caracterizan por modelos de seguridad en los que el sector público y las empresas de seguridad se complementan, creando sinergias para garantizar una seguridad de primer nivel en todos los ámbitos. Estados Unidos y el Reino son un buen ejemplo de ello, e incluso países como Francia y Alemania cuentan con modelos mixtos, en los que los servicios de seguridad privados y las fuerzas de seguridad del Estado trabajan coordinadamente.



España queda lejos de la proporción de vigilantes de seguridad por habitante de estos países, y el sector, que da trabajo a 90.000 personas, tiene margen para crecer. Se trata de apoyar a las fuerzas de seguridad del Estado para dar un mejor servicio a la ciudadanía, especialmente en un momento en el que los Estados se enfrentan a nuevos retos en materia de seguridad y a un escenario de restricciones presupuestarias.

Los vigilantes de seguridad, debidamente homologados por la Dirección General de Seguridad, están capacitados para desempeñar labores como los servicios de transporte de seguridad, la vigilancia de buques o la respuesta ante alarmas, así como la vigilancia en centros hospitalarios, urbanizaciones, empresas, edificios públicos, eventos deportivos o espectáculos.

Las empresas de seguridad contribuyen de manera decisiva a la seguridad global, puesto que permiten una mayor eficiencia de todo el sistema. Un buen ejemplo de ello son los servicios de respuesta ante alarmas atendidos por vigilantes de seguridad, que permiten a los cuerpos de seguridad del Estado intervenir solo cuando de verdad son necesarios, evitando la movilización de recursos públicos para atender falsas alarmas.

Por último, las empresas de seguridad tienen más flexibilidad y capacidad de adaptación ante necesidades de seguridad puntuales o específicas. Como en otros ámbitos, también en materia de seguridad la cooperación entre el sector público y el privado es garantía de más eficacia.