Un total de 36 son las personas muertas recientemente en una estampida en Shangai durante una fiesta. Hace unos meses y en España, eran cinco los asistentes a un evento en el Madrid Arena que resultaron fallecidos.

Este tipo de actos juntan a miles de personas. Resultan de gran atractivo para el público y suelen suponer un revulsivo para el lugar en el que se celebran. Pero al mismo tiempo, macrofiestas, conciertos o acontecimientos deportivos exigen de una completa coordinación que garantice su seguridad, como acaban de reafirmar estos sucesos. Al respecto, especialistas en este ámbito de la Academia de vigilantes de Levantina explican que el punto de partida de este proceso es el diseño de un plan integral de seguridad. En este sentido, una empresa de seguridad -fundamentalmente a través de vigilantes de seguridad titulados- resulta una pieza clave.

En primer lugar, una entidad de esta tipología cuenta con la experiencia necesaria para adecuar sus acciones al tipo de acto de que se trate. Así, cuando el objetivo es garantizar la seguridad en estadios -un asunto, también, candente debido a los últimos incidentes entre hinchadas- o en otras ubicaciones; el control de accesos permite vigilar al minuto el aforo o incluso la identidad de los participantes en un evento. Además de las propias características del público asistente y de su estado de ánimo, una empresa de seguridad atiende también a las condiciones medioambientales y espaciales del entorno en cuestión así como a los protocolos de seguridad que deban activarse en caso de necesidad.

En definitiva, el análisis de riesgos que conlleva este tipo de eventos, la distribución de los recursos y la implementación de una metodología que garantice la seguridad son acciones que exigen de un saber hacer profesional. En este caso, los vigilantes de seguridad son quienes pueden hacer que una fiesta solo sea noticia por su diversión.